La sabiduría empresarial

Van pasando los años y van cobrando protagonismo también otras generaciones. Los consumidores se convierten en millennials, los políticos de la transición van dando paso a otros más jóvenes, con otra forma de entender y hacer política. Y en el caso de las empresas, los grandes nombres que dirigían importantes multinacionales van cediendo el testigo a nuevas generaciones.
Lo nuevo no es necesariamente malo, pero siempre es distinto. Se dice que la sabiduría es hija de la experiencia y lo cierto es que con los que se van, se pierde una forma de gestionar y encarar los problemas distinta a la que traen las nuevas generaciones. Esos empresarios de raza, de carácter marcado, han centrado durante años la actualidad empresarial, siendo voz acreditada en asuntos económicos.
De los que se han apartado recientemente a la trastienda de la vida pública, destaca César Alierta. El hasta ahora presidente de Telefónica ha liderado esta compañía desde el año 2000, viviendo muy de cerca la transformación digital que ha experimentado el mercado. Alierta, heredó su profesión, la de abogado, y muchas cualidades más, de su padre, Cesáreo, empresario y alcalde de Zaragoza, ciudad en la que este apellido es toda una institución. Siempre se caracterizó por su valentía ante los cambios, y por hablar claro detrás y delante de las cámaras. Habló sin tapujos de compañías como Google, Facebook o Twitter de quienes dijo que conocían “toda la vida de los usuarios y de las administraciones públicas sin invertir ni un euro”. Afirmó que estas gigantes informáticos que “vulneran la libertad” de las personas, en su cruzada quijotesca por luchar contra estos grandes molinos de las redes sociales. Y también habló claro de los cambios cuando comentó que “el ciudadano no es consciente de la importancia de la digitalización de la economía, que es imparable y va a marcar la diferencia entre la sociedad”. Esa digitalización, que Alierta tuvo tan clara desde el principio, es la que ha dejado en bandeja a su sucesor, que tendrá que afrontar unos tiempos de importantes cambios para las telecomunicaciones. Por supuesto, también nos dejó alguna que otra anécdota, como la que protagonizó al declarar que “el desempleo en España es el gran problema. Ya hemos hablado de ello en el Consejo Empresarial de la Competitividad, que me ha tocado presidir porque mi apellido empieza por A. Si hubiera empezado por M viviría más tranquilo”. Ahora, tras la marcha de Alierta de Telefónica, el CEC tendrá que decidir si da paso al resto del alfabeto o mantiene la presidencia actual con él al frente.
Antes de César Alierta ya ha habido otros nombres importantes que han querido echarse a un lado en sus empresas para dar paso a otros. Amancio Ortega, la mayor fortuna nacional, también decidió dejar en 2011, con la discreción que siempre le ha caracterizado, la presidencia de su grupo. El caso Inditex está en las mejores escuelas de negocio del mundo. Y sus claves las desgrana Amancio con palabras sencillas: “Aprender y crecer. Yo sigo observando lo que ocurre en el mundo y escucho. Hasta hace pocos años los países ricos eran los árabes y Japón; ahora están los rusos y China. Hay en esta parte del mundo un tanto por ciento de gente con mucho dinero que gasta todo lo que tiene porque lo que se gana fácil se gasta fácil”, declaraba en una entrevista. Para Ortega, “con miedo no se funciona, siempre hay que arriesgarse”. Y él bien lo ha demostrado arriesgando para montar desde cero un imperio en el que el protagonista siempre fue su marca, Zara, mucho más que su apellido.
Otro de los nombres que merecen ser recordados, y que desgraciadamente nos dejó en 2014, es Emilio Botín, cuyo apellido sigue estando presente en el Santander a través de su hija Ana. Este empresario santanderino también solía enfrentar a los medios con ese estilo claro y abierto que caracteriza a los que se sienten seguros de que pueden decir cualquier cosa. “La crisis es como la fiebre de los niños, que empieza fuerte y luego baja”, dijo en la presentación de las cuentas de 2009 en relación al momento económico que se estaba viviendo. Cuando la crisis azotó en todo el mundo con más fuerza, salió al paso con esa ironía que tanto caracterizaba a sus declaraciones:  “La verdad es que el niño se nos ha puesto muy malo”,  declaró ante los periodistas. También se desenvolvía bien cuando tenía que enfrentarse a los medios fuera de España. Ante una corresponsal china llegó a decir que “yo hablo muy mal inglés, pero a usted no se le entiende nada”.
Hay nombres del Ibex que siguen estando en la primera fila desde hace años. Uno de ellos es el actual presidente del BBVA, Francisco González, que sabe muy bien cómo presidir una empresa y ha visto como ese estilo que caracterizaba a los dirigentes de hace décadas se ha ido perdiendo. En una entrevista, declaraba que “esa historia de que los banqueros nos relacionamos y nos reunimos pertenece al pasado”“antes, los banqueros se reunían una vez al mes”; “ahora, ni nos felicitamos por Navidad”.
Y hay un tema recurrente en las declaraciones de todos estos grandes empresarios: el de la corrupción, una de las principales preocupaciones de los españoles. Para Francisco González  “la corrupción es el cáncer más dañino de un país y una sociedad”. Y el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, preguntado por el escándalo de los papeles de Panamá, lamenta que “los que evaden hacen que otros tengamos que pagar lo suyo. Y no es justo”.
Isidro Fainé, presidente de La Caixa, también ha aludido en alguna ocasión a la importancia de los valores a la hora de ejercer su profesión. “Me siento muy orgulloso de mis orígenes”; “Uno se cura de todo menos de la infancia, que es donde se obtienen las enseñanzas más valiosas”, declaraba en una entrevista en la que explicaba como le “inculcaron la honestidad, la humildad, la vocación de servicio, la importancia de la palabra dada y del ser frente al tener”.
Referentes de una etapa empresarial en la que sus protagonistas han vivido la transformación económica de un país que ha visto cómo sus compañías se convertían en multinacionales y traspasaban las fronteras nacionales. Profesionales del sector que han demostrado saberse mover en aguas empresariales, capeando la crisis económica que les ha tocado vivir y asistiendo también, esperemos, a la posible recuperación, aceleración, o brotes verdes. El término es lo de menos, lo importante es que se cumpla. Ai

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