Gobierno compuesto y sin presupuesto

Tardó meses en componerse, y ahora, después de haber esperado casi un año para poder constituirse, muchos hablan de lo que tardará el actual Gobierno en descomponerse. La primera prueba que marcará la longevidad de este Ejecutivo es inminente: la aprobación de las próximas cuentas que marcarán este 2017. El portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, ya apuntaba que “aprobar unos nuevos presupuestos daría una buena señal a la ciudadanía”. Desde luego será la prueba más clara de si el nuevo Gobierno empieza o no a rodar y se desatasca definitivamente el parón que la economía lleva arrastrando desde principios de año. Al menos, con la llegada de los nuevos ministros, algunos de los proyectos que iban acumulando polvo en los cajones ministeriales han conseguido, cuando menos, que se vuelva a hablar de ellos.

Todos miran ahora a los nuevos rostros que van a protagonizar las decisiones de los próximos meses. De entre todos ellos destaca otro Iñigo, el nuevo ministro de Fomento, a quien no han tardado en acudir los empresarios para hacerse oír, ávidos después de casi un año, de poder tener a un ministro que no estuviera en funciones, al que dirigirse. De la Serna ha reconocido que “es evidente que las necesidades y demandas son muy superiores a las capacidades que hay, pero deben existir líneas estratégicas sobre cuáles deben ser las principales prioridades”. El ministro ha afirmado que “en España no está todo hecho”, en relación a las obras que están paralizadas, sobre las que ha manifestado su intención de desbloquear, promoviendo una mayor agilidad administrativa.

Voluntad no falta, y así lo ha transmitido, expresando su intención de ponerse en contacto con los grupos políticos para “empezar a plantear la forma de abordar este proceso e intentar llegar entre todos a un acuerdo que garantice la estabilidad en la implementación de las políticas de infraestructuras a nivel nacional”.

Y eso es lo que buscan también los empresarios, voluntad por terminar lo empezado. En esa línea se ha expresado el presidente de la Federación de Agrupaciones de Empresarios de la Construcción de Cádiz (Faec), Emilio Corbacho, que ilustraba la situación que viven en una metafórica frase “es un sector que antes tenía cuarenta grados de fiebre, y que ahora tiene treinta y siete y medio. Hemos mejorado, pero no estamos libres de décimas”. Para Corbacho, es cierto que “no es momento de grandes obras públicas, pero sí de concluir, tanto si son pequeñas como si son grandes, las que ya están iniciadas.

Uno de estos casos, de los que más se ha hablado en las últimas semanas, ha sido de la obra del AVE en Almería paralizada por un tema que no es nuevo, los sobrecostes. En el aire está el trazado Pulpí-Cuevas del Almanzora-Vera, el eterno soterramiento de las vías en la capital y la conexión entre Sorbas y Almería. El presidente de la Confederación Empresarial de la Provincia de Almería (Asempal), José Cano, recordaba cómo Sacyr consiguió la adjudicación de la obra por 33 millones de euros, es decir, un 53 por ciento menos respecto al precio de licitación inicial. Y que entonces, ya advirtieron “que la adjudicación, a ese precio, era una salvajada”.

Por tanto, “algo falla, cuando los ingenieros de Adif, con una experiencia y capacidad demostrada, realizan un cálculo de las características de una obra y la empresa hace una oferta por menos de la mitad, que es aceptada. Sería deseable una mayor seriedad”.

Y mientras sigue en el aire la petición de Sacyr por rescindir este contrato para el tramo Pulpí-Cuevas del Almanzora-Vera, el ministro de Fomento recurre a la diplomacia expresando su confianza en que la constructora retome las obras y realice el tramo que le corresponde. “Estoy seguro de que lo hará porque es una gran empresa” afirmó elegantemente.

También ha hablado de este tema Diego Clemente, parlamentario de Ciudadanos. En este caso, recurrió a una parábola india para explicar el problema con los túneles de Sorbas. “Si quieres molestar a tu enemigo, regálale un elefante blanco que es algo muy bonito, pero con lo que le arruinas porque no sabe cómo mantenerlo. Eso han sido los túneles de Sorbas”, según Clemente.

La comparación con lo ocurrido en Murcia se ha hecho inevitable. Allí están a punto de recibir el AVE, mientras en Almería los túneles de Sorbas siguen tapiados. Por eso Manuel Jiménez Barrios, vicepresidente de la Junta de Andalucía y consejero de la Presidencia y Administración Local, ha reivindicado estos días el papel de un lobby andaluz para presionar y conseguir las inversiones que son necesarias para construir los corredores ferroviarios tan demandados en la región. El llamamiento ha ido dirigido a las cámaras de comercio y a las confederaciones de empresarios, ayuntamientos y diputaciones andaluces, a quienes pide complicidad “para instar al Gobierno a la hora de las inversiones”, esas que sí se han conseguido en la zona levantina. Jiménez Barrios, “no entiende” que la infraestructura andaluza tenga 52 millones aún no realizados mientras que el corredor del Levante acumula ya 6.500 millones de inversión pública.

El impacto que está teniendo el retraso de estas obras se hace notar con especial relevancia en el sector logístico. En esta materia, la Junta de Andalucía ha anunciado que invertirá cerca de 10 millones de euros. Pero según Jiménez Barrios, “todo este trabajo no tendría sentido sin los corredores ferroviarios”. “No es una cuestión de confrontación política, sino una necesidad real de la economía para que despegue y para el desarrollo económico de nuestra tierra, que se lo merece”, apuntaba en la inauguración de la segunda jornada de Logística Portuaria de Sevilla.

En definitiva, siguen tiempos difíciles para la inversión pública. Como decía el pasado verano Juan Lazcano, presidente de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), “España construye fuera y destruye dentro”, una frase que resume bien el sentir de los empresarios de cara a una Administración a la que se le pide una apuesta clara y firme por este sector. Ai

 

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