Una oportunidad para Marbella

Rafael Márquez Berral

Secretario General de Ordenación del Territorio y Sostenibilidad Urbana. Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio

PV - Rafael Márquez

La anulación del Plan General de Marbella no fue una buena noticia. En un momento en el que la recuperación económica era una realidad en Andalucía, incentivada entre otros factores por la atracción para la inversión del foco Marbella-Costa del Sol, la anulación del referido instrumento de planeamiento, sinceramente, no fue la mejor de las noticias que uno pudiera recibir.

Marbella no es una ciudad al uso sino que se trata de un municipio excepcional, no solo por los desmanes urbanísticos generados en la época Gil, sino también por el enorme atractivo inversor que tiene tanto a nivel nacional como internacional.

Esa excepcionalidad hace que lo que pase en Marbella no solo afecta a Marbella, sino que tiene trascendencia para el resto de la Costa del Sol, y por ende, para el conjunto de Andalucía. Por ese motivo, desde el minuto uno en el que conocimos la anulación del PGOU, nos pusimos manos a la obra tanto por parte del Ayuntamiento como por parte de la Junta de Andalucía.

Es cierto que las sentencias del Tribunal Supremo son un contratiempo, decir lo contrario es faltar a la verdad, pero una vez emitidas y una vez anulado el Plan General entiendo que el conjunto de los responsables políticos tenemos que transformar esa debilidad en una oportunidad tanto para Marbella como para el resto de Andalucía. ¿Cómo? Lo intentaré explicar a continuación.

Como ocurre en cualquier ámbito de la vida, es cierto que las adversidades unen y en el caso que nos ocupa está claro que tanto el Ayuntamiento como la Junta de Andalucía han ido de la mano desde el primer momento, lo cual, a mi juicio, es un elemento esencial que hay que mantener y potenciar.

El consenso y la colaboración institucional entre las dos administraciones que tienen competencias en materia urbanística es fundamental para cualquier actividad económica, es clave para cualquier inversor. A lo largo de mi experiencia como responsable político, esa exigencia de que Junta de Andalucía y municipios remen en la misma dirección ha sido una de las que más me han reclamado los ciudadanos y los operadores económicos. En Marbella, la colaboración entre el Ayuntamiento y la Junta, desde la anulación del PGOU, es impecable. Eso es un valor que hay que potenciar de cara al futuro.

Por tanto, las Sentencias del Tribunal Supremo han reforzado ese consenso y esa colaboración entre administraciones, no siempre existente, por desgracia, entre el consistorio marbellí y el gobierno andaluz.

Prueba de esta colaboración ha sido el proceso de trabajo conjunto, desde el punto de vista técnico y político, para definir el instrumento transitorio que pudiera implementarse hasta la llegada de un nuevo Plan General.

Un proceso en el que se han analizado con rigor y seriedad las distintas posibilidades hasta llegar al punto de que la mejor de las opciones para esta situación transitoria es la adaptación del Plan General de 1986 a la LOUA.

Una adaptación que permitirá, lo cual en Marbella no es baladí, contar con un documento claro, definido y actualizado de la realidad urbanística en la ciudad y que permita conocer, de forma transparente, a los ciudadanos y a los operadores económicos cuales son sus derechos y deberes garantizando la seguridad jurídica.

Una adaptación que, además, posibilitará que puedan operar nuevas modificaciones puntuales que permitan adaptar, de forma parcial, el Plan General de 1986 a oportunidades de inversión, a corto plazo, lo cual es fundamental para no frenar la misma.

Y una adaptación que permitirá actualizar un Plan General de la década de los 80 a los nuevos tiempos urbanísticos, es decir a la LOUA, lo cual es esencial para la ciudad hasta que no se apruebe de forma definitiva el nuevo instrumento urbanístico.

En segundo lugar, la anulación del Plan General y la vuelta al planeamiento del año 1986, obliga a que la ciudad de Marbella cuente con un nuevo Plan General que permita a la ciudad mirar al futuro con optimismo.

Por eso es fundamental, y me consta que así lo entiende también el Ayuntamiento, que se inicien los trabajos para que el nuevo Plan General empiece a dar los primeros pasos y sea una realidad en el menor tiempo posible. Y digo en el menor tiempo posible porque la validez de gran parte del Plan General anulado, y la relativa vigencia de los distintos pronunciamientos sectoriales hacen que gran parte del trabajo necesario para el nuevo Plan General ya esté elaborado y, por tanto, haya parte del camino ya recorrido.

Los contextos económicos, sociales y políticos condicionan en gran medida a los Planes Generales de las ciudades, y está claro que el contexto en el que se gestó el Plan de 2010 es radicalmente distinto al contexto actual, por ese motivo la anulación del Plan y la redacción de uno nuevo puede ser una oportunidad para la ciudad y para el resto de la Costa del Sol.

El contexto en el que se gestó el Plan General del año 2010 estaba muy marcado por su pasado reciente (miles de viviendas irregulares, judicialización de la actividad urbanística marbellí, etc.), por eso ese Plan General hizo lo tenía que hacer, pero quizás estuvo más centrado, dado el contexto, en solucionar los desmanes del pasado que de mirar al futuro.

El contexto actual es radicalmente distinto y, por tanto, la base sobre la que debe proyectarse el nuevo Plan General es totalmente diferente, lo cual no significa que el nuevo Plan General no deba encarar el asunto de las viviendas irregulares con seriedad, rigor y siguiendo el criterio emitido por el Tribunal Supremo, pero el contexto actual ofrece nuevos retos que el nuevo documento debe abordar con ambición y sin complejos.

Estamos a las puertas de dejar atrás la mayor crisis económica y social de nuestra historia reciente y, por tanto, de comenzar una senda de crecimiento en el que el urbanismo y la construcción sostenible deben ser uno de los pilares sobre los que se sustente nuestro dinamismo económico, y Marbella debe jugar un papel clave en este escenario como uno de nuestros polos más atractivos para la inversión.

Por eso es fundamental que esta ciudad cuente con un nuevo instrumento de planeamiento acorde y a la altura de los nuevos retos, pero para que eso sea así, y por tanto pueda ser visto como una oportunidad, es necesario que el nuevo Plan General tenga en cuenta algunos aspectos necesarios.

En primer lugar, uno que cae sobre su propio peso y es que la solución a la regularización de las miles de viviendas irregulares debe hacerse cumpliendo fielmente lo exigido por las Sentencias dictadas por el Tribunal Supremo.

En segundo lugar, que el tema de las viviendas irregulares, por importante que sea, que lo es, no puede condicionar el modelo de ciudad futura ni evitar que se aborden los nuevos retos de futuro para la ciudad.

En tercer lugar, que el instrumento de planeamiento que se redacte tiene que interpretar que el mundo ha cambiado, no sé si para mejor o para peor, pero ha cambiado de forma radical y el Plan General no puede obviar esa realidad.

Estamos ante un mundo que cambia de forma constante y de manera vertiginosa, por lo que los operadores económicos o las ciudades que no entiendan esa nueva realidad se quedarán atrás y en la estacada.

Por tanto, el nuevo Plan General de Ordenación Urbanística tiene que ser un instrumento lo suficientemente flexible para que, respetando el modelo de ciudad definido, pueda adaptarse a esta realidad volátil y, por tanto, debe huir de encorsetamientos y rigideces que dificulten a la ciudad adaptarse, en tiempo real, a los cambios constantes.

Por eso entiendo que la anulación del Plan de 2010 y la redacción de un nuevo instrumento, si hacemos las cosas con rigor, sensatez e inteligencia, puede ser una oportunidad que salve los contratiempos acontecidos.

Soy consciente de que el camino no resultará sencillo y que no será fácil, pero el reto al que estamos convocados, no solo los responsables políticos sino el conjunto de la sociedad, requiere que pongamos lo mejor de cada uno de nosotros. Marbella y Andalucía lo merecen. Ai

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