Marbella. A vueltas con el Plan

Alfonso Peralta de las Heras

Arquitecto

Alfonso Peralta

La anulación del Plan General de 2010 y la vuelta al Plan de 1986 ha abocado a Marbella a una situación de virtual colapso urbanístico cuya salida es difícil vislumbrar a través de la maraña de leyes, normas y planes sectoriales que han de atravesar los planes generales en su lento y tortuoso camino hacia la aprobación.

La superposición del PGOU 86 sobre la realidad actual de Marbella -pasados 30 años desde su aprobación definitiva, durante la mitad de los cuales, coincidentes con la era Gil, hemos asistido a la sistemática demolición del Plan- deja un margen estrecho para su aplicación directa, más estrecho aún si se tiene en cuenta que su Texto Refundido de 1990 no llegó a aprobarse ni a publicarse por lo que, en la práctica, en este momento no hay un documento único y completo, de vigencia indiscutible, listo para ser aplicado.

El Ayuntamiento, utilizando el escaso margen de maniobra de que dispone, ha tomado ya la decisión de llevar a cabo la adaptación del PGOU 86 a la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía. Se trata de una decisión acertada a mi entender pues, aunque por sí misma no resolverá demasiadas cosas, abrirá la puerta a abordar modificaciones de cierto calado en el Plan. A este respecto cabría analizar la posibilidad y conveniencia de llevar a cabo modificaciones puntuales y urgentes, que no afecten a la ordenación estructural, sin necesidad de esperar a la aprobación definitiva de la Adaptación a la LOUA.

Si se cumplen las expectativas, dentro de un año estará aprobada la Adaptación y podrían entonces plantearse modificaciones estructurales cuya tramitación puede demorarse, en el mejor de los casos, de uno a dos años. Además, la proliferación de modificaciones de este tipo llevaría, con toda probabilidad, a la necesidad de abandonar este camino y acometer una revisión del Plan. Para entonces se habrá perdido ya un tiempo precioso y habrá crecido la lista de espera de actuaciones esenciales para responder a las necesidades de los ciudadanos y de iniciativas de desarrollo turístico, residencial o empresarial, motores en buena medida de la actividad económica del municipio.

Por tanto, creo que hay que ir decididamente a una Revisión del Plan de 1986 que, a fin de cuentas, es la forma mas genuina de adecuar un plan a la realidad y a las previsiones a corto, medio o largo plazo. Tengo entendido que esta será la línea que adopte el Ayuntamiento pero no está de más insistir en la necesidad de que esa revisión se acometa ya, de forma simultánea a la adaptación a la LOUA, estableciendo plazos muy ajustados para su redacción y para su aprobación, consensuados entre las administraciones a las que compete su formulación y su aprobación, con una metodología de trabajo que permita anticipar soluciones a las cuestiones más urgentes y con un criterio claro de utilizar todos los mecanismos que la legislación pone a disposición de la Administración para agilizar los procesos urbanísticos.

Finalmente creo que, haciendo de la necesidad virtud, habría que abordar este proceso desde una perspectiva positiva, entendiéndolo como una oportunidad para corregir errores, reconducir tendencias para dar mejor respuesta a demandas ciudadanas y a necesidades del municipio que no encontraron debido eco en el Plan ahora anulado, quizá muy centrado en prestar atención a los problemas derivados del desaguisado de los años precedentes, para rescatar potencialidades del Plan del 86 y perfeccionar, en suma, el modelo de ciudad, término manido donde los haya pero que no debe dejar de ser el argumento de un plan a pesar de las urgencias. Ai

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