Hablamos con… Javier González de Lara Presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA)

De los factores internacionales que actualmente copan la actualidad informativa (Trump, Brexit, China, políticas monetaria y fiscal del BCE…), ¿cuáles entiende que influirán más, negativa o positivamente, en la consolidación de la recuperación en España y, por ende, en Andalucía?

En primer lugar, parece que las relaciones económicas internacionales, en una economía global y globalizada, han resistido, en este último año, sin mucha inestabilidad toda clase de eventos y turbulencias sin grandes consecuencias para el comercio internacional. Por eso esperamos que Trump, con su política proteccionista, no añada mayores perturbaciones a la economía mundial, pues podría terminar afectando al crecimiento económico.

Por tanto, considero que algunos de estos factores internacionales podríamos abordarlos como una oportunidad y no como un problema. También deberíamos centrarnos en nuestro entorno internacional más inmediato, que es el de la Unión Europea, donde se mantienen los bajos tipos de interés por parte del BCE.

Ya sabemos que el Brexit es ahora el mayor foco de incertidumbre económica en el ámbito europeo. Sin embargo, la salida del Reino Unido de la UE se nos aparece con claroscuros. Basta recordar, como ejemplo, el año récord de estancias de turistas británicos que hemos tenido en nuestro país, pero, al mismo tiempo, la tendencia a la baja de la libra podría hacer cambiar el actual rumbo favorable del turismo británico. Y si nos vamos a otro punto del mundo, por ejemplo China, como se hace referencia en la pregunta, seguimos manteniendo una excelente relación comercial, en ambas direcciones, a pesar del enfriamiento de la economía del gigante asiático.

En definitiva, hay que seguir perseverando en los procesos de internacionalización de nuestras empresas, puesto que nuestros productos y servicios podemos ofrecerlos en cualquier rincón de los cinco continentes, a pesar de las amenazas al libre mercado internacional. Es una oportunidad para crecer y se basa en tener iniciativa, capacidad y competitividad.

 

¿Y en el plano nacional (desempleo, competitividad, política fiscal, déficit de las finanzas públicas…)?

No cabe duda que si nuestra economía crece en torno al tres por ciento ya no estamos en el ciclo recesivo. Ahora lo que tenemos que lograr es que ese crecimiento económico se consolide, que sea estable y sostenible. Sin embargo, además de las posibles amenazas globales, que ya hemos comentado, se ciernen sobre este desarrollo de la economía algunos nubarrones coyunturales que pueden aguar este crecimiento más pujante.

Parece que los vientos de cola que impulsaban nuestro crecimiento económico han perdido parte de su potencia. Han sufrido variaciones destacadas, como son, por ejemplo: los bajos precios de las materias primas y, en concreto, del petróleo; la expansión de la política monetaria europea; o la mayor flexibilidad en los objetivos de déficit público, entre otros.

Por otra parte, cuando ya habíamos superado todo un año de bloqueo y paralización política, nos encontramos de nuevo sumidos en la preocupación y la incertidumbre como consecuencia de la acción de los poderes públicos, con nuevas medidas y acciones que perturban a la actividad empresarial. Una de las más llamativas ha sido la reforma efectuada en el Impuesto de Sociedades, que afecta a la compensación de bases imponibles negativas y a la deducción de gastos financieros, entre otras cuestiones.

A la vez, la revisión de los Impuestos del Tabaco y el Alcohol suponen subidas sobre unos productos que ya soportan una fiscalidad muy alta. Es más, la creación de un impuesto sobre bebidas azucaradas reducirá las ventas de un sector muy concreto, pudiendo impactar en la inversión y en la creación de empleo.

Finalmente, y en el ámbito social, el incremento de la base mínima de cotización un 8%, en línea con el incremento del SMI, y del 3% de la base máxima, supondrá un mayor ingreso para la Seguridad Social a costa de incrementar de nuevo los costes sociales para las empresas. Decisiones que carecen del necesario consenso con los agentes económicos y sociales y que suponen falta de sensibilidad hacia la actividad empresarial.

España tiene uno de los sistemas fiscales con los impuestos más altos de la Zona Euro, pero es también, al mismo tiempo, uno de los países de la región que menos recauda con sus tributos. Esto es así, porque tenemos un régimen fiscal bastante ineficaz. Ahora para cumplir los compromisos comunitarios y la consolidación de las finanzas públicas se da una vuelta de tuerca más, en el sentido inadecuado.

 

¿Cuáles son los principales retos de la empresa andaluza para el recién iniciado 2017?

Los empresarios andaluces tenemos muchos e importantes retos que asumir. Entre ellos destacaría, en primer lugar, la dimensión y el número de empresas y su densidad con respecto a la población. Añadiría también el reto de la transformación digital, y la necesaria industrialización de nuestro territorio. Todos relacionados con la competitividad de nuestras empresas, en un mercado global y cambiante.

En cuanto al número, la densidad y la dimensión de nuestras empresas, tenemos que insistir en el hecho de que necesitamos más y mejores empresas. Mayor número y mayor tamaño. La densidad empresarial, que es un buen indicador que mide la propensión a emprender de la sociedad, sitúa a Andalucía aún sensiblemente por debajo de la media. Así, con una densidad de 58 empresas por cada mil habitantes, en nuestra región harían falta cerca de 100.000 empresas más para igualar la media nacional, que se sitúa en 69 por mil. Mantenemos un diferencial negativo de 11 puntos, que hay que corregir con una clara visión estratégica.

Alcanzar la media nacional; es decir, consolidar cien mil empresas más en Andalucía, supondría, además, disponer de la capacidad para generar en torno a medio millón de nuevos empleos en nuestra Comunidad; o lo que es lo mismo, recortar la tasa de paro regional en más de diez puntos porcentuales.

Es evidente que necesitamos más empresas y también más industrias, porque es un sector con más músculo empresarial y que por sí genera más empleo estable. Integrado por personas altamente cualificadas, y que cuenta con la ventaja de que no depende de ciclos cortoplacistas de actividad. No en vano el sector industrial ocupa a casi 300.000 personas en Andalucía, un número de ocupados que se ha incrementado desde el año 2012 en 26.000 personas, es decir, un 11’5% más.

Por eso, el compromiso que tenemos como organización a favor de la industrialización de Andalucía se ha visto materializado recientemente en la firma del Pacto Andaluz por la Industria, que hemos suscrito con los sindicatos y la Junta de Andalucía. Es un acuerdo que refuerza la recuperación del Diálogo Social en nuestra Comunidad Autónoma y es un reconocimiento más a nuestra capacidad representativa como organización empresarial.

Uno de los retos para 2017 y ejercicios venideros es, sin duda, el de la transformación digital, que supone la aplicación de la tecnología y la automatización de los procesos en el ámbito empresarial. Cambio que requiere, desde la creatividad, la reinvención de todas las metodologías productivas en clave de eficiencia y valor, con una óptica o alcance global.

Para el medio plazo sería necesario también que las empresas andaluzas, teniendo en cuenta sus características propias de empresa familiar de reducido tamaño, aprovechen la ventaja de la singularidad competitiva. Es decir, comprometerse de manera estratégica con el talento y las personas que integran nuestras empresas, cuyas peculiaridades nos pueden llevar a ser únicos y diferentes frente a la competencia.

 

¿Está dando muestras el sistema productivo andaluz de que va por otro camino (más industrialización, más I+D+i, menos dependencia del turismo y las exportaciones agroalimentarias…), y que por tanto una crisis futura nos azotaría con menos fuerza que esta última?

Ya va siendo hora de que superemos esa imagen estereotipada de una Andalucía atrasada, que no está al día de las nuevas tendencias en lo económico y empresarial. Lo cierto es que el tejido productivo andaluz es muy pujante. Con empresas, muchas creadas por jóvenes, que en solo unos pocos años son líderes internacionales en distintos sectores.

Nuestra tierra es un buen lugar para invertir y para desarrollar iniciativas, no sólo por su ubicación estratégica, su buen clima o cultura del saber vivir, sino porque hay un tejido empresarial, que, a pesar del pequeño tamaño de la mayoría de sus empresas, está respondiendo a todos los nuevos retos del siglo XXI.

Los empresarios andaluces no están anclados en el pasado, están muy vivos en el presente, y con una visión clara del futuro. No somos ajenos a los cambios políticos, sociales y tecnológicos consustanciales con este nuevo siglo, en el que la globalización, la innovación, la adaptación al cambio y la revolución digital forman parte de las transformaciones constantes que configuran y que caracterizan al mundo actual.

Los empresarios andaluces ya estamos participando en esa evolución imparable, que afecta a todo: a las comunicaciones, a la forma de trabajar, a las costumbres, a las familias, y a todos los ámbitos de la sociedad y del quehacer humano, y, por supuesto, a las empresas. A la nueva economía del siglo XXI.

Por eso cada día nos encontramos con buenas noticias de empresas andaluzas que destacan por su innovación, por su liderazgo y excelencia no sólo en España, sino también internacionalmente. Y no son ya ejemplos aislados, sino que confirman esa realidad que no tiene nada que ver con los estereotipos de siempre.

 

¿Confía en que es posible ganarle la batalla al desempleo estructural de nuestra comunidad autónoma?

Claro que sí se pude ganar la batalla al desempleo. Ésta es una tarea en la que debemos poner remedio entre todos, aunque el eje que la sustenta es la empresa. No nos cansaremos de afirmar que a más empresas, más empleo. Y que la empresa es la solución para generarlo. Cierto es que durante los años de la crisis desaparecieron unas 50.000 empresas en Andalucía y, como consecuencia, aumentó mucho el paro estructural.

Es verdad que ya no se destruyen tantas empresas en nuestra región y el saldo neto es positivo, pues operan 20.000 sociedades más que hace dos años. Se ha conseguido, por tanto, recuperar buena parte del tejido empresarial destruido durante la fase más crítica de la dilatada crisis económica. Y esto, evidentemente, se traduce en más empleo.

No obstante, nos queda mucho camino que recorrer, pues los efectos perversos de la crisis siguen siendo muy evidentes en nuestra sociedad, y que se ve claramente en una demoledora tasa de paro del 28,3%, que se duplica entre los más jóvenes.

En su día, en Andalucía compartimos que nuestra prioridad para los próximos años era recuperar las tasas de empleo. Así lo anotamos en nuestra Agenda por el Empleo, en la que los Agentes económicos y sociales y la Administración andaluza nos pusimos de acuerdo en fijar como meta la recuperación de los 3,2 millones de ocupados en nuestra región para el horizonte 2020.

Alcanzar este objetivo requiere disponer de la capacidad para generar unos cien mil empleos netos anuales en los próximos años. Entendemos que ello solo será posible desde el estímulo a la iniciativa privada, mediante la generación de un ecosistema favorable a la actividad empresarial y a la inversión.

Desde que se fijó, a finales de 2013, esa meta de dar prioridad al empleo, se han creado más de 250.000 empleos netos en Andalucía. Pero el calado del desafío al que nos enfrentamos nos tiene que llevar a ser capaces de ganar mayor atractivo como lugar para invertir. Y generar entornos de confianza, seguridad y certidumbre desde los que procurar el cambio en los patrones del crecimiento económico.

 

Recientemente se ha presentado en su ‘Casa’ la nueva Orden de Incentivos para el Desarrollo Energético Sostenible Andalucía 2020. ¿Qué puede representar esta Orden en términos de creación de riqueza y empleo en nuestra región?

Consideramos que esta nueva orden de incentivos facilitará que las empresas sean más competitivas y, en consecuencia, proporcionará los cambios necesarios en el consumo energético de nuestras empresas y en nuestros hogares, con el objetivo final de usar mejor la energía y hacerla más sostenible y más eficiente.

Asimismo es una oportunidad para un mayor desarrollo de las actividades industriales y de servicios que conforman el tejido empresarial andaluz auxiliar y complementario en el sector energético, y que, por tanto, esta industria ha de movilizarse y participar en el entorno de negocio que genere esta iniciativa. De hecho, a la presentación en CEA asistieron más de 700 pymes y se han inscrito para ser entidades colaboradoras con la Consejería de Empleo.

Hay importantes cuantías económicas para esta actuación, pues estamos hablando de fondos FEDER del nuevo marco para Andalucía de 2014-2020. Según los datos de la propia Junta, se pretende movilizar 231 millones de euros en incentivos, que se traducirán en más de 1.200 millones de euros de inversión. Inversiones que afectan a la construcción sostenible, tanto edificios residenciales y empresariales, así como a pymes sostenibles y redes inteligentes.

Por otra parte, considero que es necesario que a esta Orden se añadan otras iniciativas para mejorar nuestro sistema energético nacional y andaluz. Es decir, tenemos que lograr que nuestras empresas caminen hacia posiciones de liderazgo competitivo, teniendo como referencia el impulso que la Unión Europea ha dado a la transición hacia un modelo energético bajo en carbono.

 

Para concluir, una reflexión acerca de la apuesta que firmas de primer nivel, andaluzas o foráneas con intereses en Andalucía, están haciendo por el sector inmobiliario en la comunidad, con inversiones muy destacadas que están favoreciendo la recuperación de esta actividad.

El ejercicio económico correspondiente al ya histórico 2016 ha confirmado la recuperación del sector de la vivienda, un mercado que ha atravesado amplias dificultades en los años de la crisis. Los pronósticos inmobiliarios son halagüeños, y se espera un buen 2017 para el mercado residencial.

En Andalucía, el impulso del sector inmobiliario en la Costa del Sol es un ejemplo a tener en cuenta, pues en el pasado año, por primera vez desde hace años, se ha incrementado la oferta inicial de vivienda de obra nueva en la zona. Este dato muestra con claridad los síntomas de la reactivación económica, a lo que se une un excelente comportamiento de la demanda internacional que está empujando las ventas al alza.

Empresas andaluzas que están recuperando el pulso de un sector estratégico para el desarrollo y el progreso de nuestra tierra. Ai

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