Foro-almuerzo Ai: un lustro debatiendo sobre la situación de la economía y sus perspectivas

Por quinto año consecutivo, la revista ha celebrado este otoño, en la Arrocería Otaola de Sevilla, su ya tradicional Foro-Almuerzo para analizar el escenario económico actual. De la mano de los prestigiosos economistas Fernando Faces, Francisco Ferraro y José María O’Kean, Andalucía Inmobiliaria vuelve a ofrecer a sus lectores una amplia crónica con el contenido de un interesante coloquio que se prolongó durante tres horas. Estuvieron asimismo presentes Eduardo Martín, consejero delegado de la publicación, como moderador, y Jorge Segura, también experto economista y miembro del consejo asesor de Ai, dinamizando el debate, además de Rosa Hafner, directora-editora de Ai, y la coordinadora de Redacción, Sonia Mora.

 

Previo al análisis de la actualidad, se repasaron brevemente las conclusiones de la anterior edición del Foro, identificándose el prácticamente pleno acierto de las previsiones y los augurios pronosticados entonces. Entre otras cuestiones, se avanzó un crecimiento a nivel mundial y por países similar a los que se han venido sucediendo y la irrupción de las políticas antiglobalización y el proteccionismo de Donald Trump en Estados Unidos, un país del que se apuntó que seguiría creciendo aunque afrontando un riesgo de inflación en el horizonte, como consecuencia del pleno empleo, además del abandono en buena medida de su papel de líder mundial. Se habló asimismo de las posiciones disruptivas de las empresas frente a los estados por su mayor avance tecnológico, con el consiguiente intento de control por parte de dichos estados, y del incremento de las desigualdades sociales.

Se vaticinó cómo las economías seguirían siendo resistentes frente a las incertidumbres y las inseguridades, tal como ha sucedido, y de la tensión en Corea se anticipó cómo finalmente se reduciría a un conflicto meramente dialéctico.

En relación con China se apuntó a su papel como líder mundial pese a sus contradicciones (banca en la sombra, insolvencia bancaria, falta de transparencia), y también el riesgo que representaba para la economía mundial, especialmente al largo plazo.

Sobre Europa se previó un crecimiento por encima del 2% en un momento decisivo, con algunos países apostando por políticas más europeístas y otros menos; el avance de los populismos y el papel del Banco Central Europeo como garante de las economías y del propio sector financiero a través de las actuaciones llevadas a cabo.

En España se mantuvo la confianza en un crecimiento en torno al 3% y se marcaron como grandes problemas la falta de reformas, el endeudamiento del sector público y el riesgo financiero de la crisis en Cataluña, hasta la fecha menor del esperado.

Y sobre Andalucía, un convencimiento: escasez de cambios en las estructuras y un empobrecimiento relativo cada vez mayor, con un crecimiento siempre unas décimas por debajo del resto de España. En último término se dibujó un escenario en el sector inmobiliario muy similar al acontecido, con una recuperación ordenada, merced a un sector financiero que sigue controlando la financiación, además de la tendencia hacia un modelo más industrial de la producción, que si bien aún no ha alcanzado elevadas cotas, sí se va dejando sentir cada vez en mayor medida por la necesidad de ajustar los plazos y los costes por parte de las empresas, ante una reducción de los márgenes.

Economía mundial

 Entrados ya en el análisis de la situación actual y perspectivas, en relación con la economía mundial se observa cómo se mantiene la tendencia de crecimiento durante el año 2018, si bien se aprecia una desaceleración de esa tendencia. De forma coincidente, todos los presentes estimaron un crecimiento a nivel mundial para 2018 entre el 3,8 y el 4%.

“No podemos saber aún si se ha tocado techo y se está invirtiendo el ciclo, pero todo apunta a que es así, si bien vamos a ser testigos de una desaceleración suave más que de una caída precipitada, aunque va a depender en gran medida de cuestiones geopolíticas”, apuntaba Fernando Faces. El posible impeachment a Trump en Norteamérica, el Brexit pendiente aún de acuerdo, las dudas sobre si Italia estará dispuesta a cumplir con Europa o la preocupación siempre presente por China y sus decisiones fueron algunos de los elementos de incertidumbre puestos sobre la mesa. “La volatilidad en los mercados financieros ha aumentado y va a continuar haciéndolo, aunque sin llegar aún a situaciones extremas, pero hay tantos frentes políticos abiertos que van a ser definitorios respecto a cómo evoluciona el ciclo, si se apresura en su descenso o sigue una pauta de crecimiento durante al menos dos años más, desacelerándose muy lentamente, Personalmente creo que hemos tocado techo y que las incertidumbres, la pérdida de potencia de los motores o cualquier acontecimiento geopolítico importante podría precipitar el cierre del ciclo”, afirmó.

Atribuyó una gran importancia al papel de los emergentes, incluyendo China, que ante previsibles subidas de los tipos de interés empezarán a resentirse. “Hay que pensar que soportan entre el 60 y el 70% del crecimiento del mundo, y un cambio en las políticas de los tipos de interés puede ser clave para su futuro”. Y es que estas políticas van a ser, a juicio de Faces, decisivas en el devenir del ciclo. “Los bancos centrales y la reserva federal van a ser muy cautos, la gradualidad va a ser extrema, y no sería extraño que el BCE, aunque haya insinuado que va a subir los tipos a partir de septiembre de 2019, esperase más. Tienen el temor a equivocarse con una subida brusca, pero son conscientes de que tampoco pueden dilatarla demasiado; la banca no aguantaría dos años más con los tipos de interés actuales, pero si suben anticipadamente el problema lo tendría la economía real, la de las familias, los empresarios y el estado. Es casi un callejón sin salida”.

Afirmó que, si bien en España no se puede hablar aún de burbuja, en otros países como Irlanda, Inglaterra o Estados Unidos “se puede percibir la burbuja en los crecimientos de casi dos dígitos de los precios de las viviendas; no hay una burbuja global, pero sí regionales. En este escenario, los bancos centrales se enfrentan a un dilema, es una incógnita saber cuál será la salida porque no tienen certeza respecto a la reacción”.

Deteniéndose más específicamente en China, expuso cómo en estos momentos tiene mayor preocupación por el crecimiento y vuelve a expandir el crédito, con una deuda “que aunque esté financiada con su propio ahorro, es altísima, rozando el 300%; y así como en otros países la financiación es en gran parte exterior, en el caso de China el 80% es financiación interna, lo que le supone una fortaleza pero a la par es preocupante, porque además continuamente cambia el sentido, hoy retrae y mañana expande, y la deuda sigue aumentando. Sea por la vía de la reducción de la inversión o del consumo, la realidad es que está creciendo un poco menos, al tiempo que expande el crédito, y esa circunstancia representa un riesgo, porque aunque sus reservas de divisas siguen siendo muy altas, están descendiendo”.

Para Francisco Ferraro, “por su propia dinámica, el ciclo ha tocado techo y ahora se inicia una fase de desaceleración. Conviene destacar que frente a lo que se ha visto en los últimos años, en los que ha habido una sincronía del ciclo entre las principales economías del mundo, esa sincronía empieza a romperse. Probablemente lo hará de forma más notable por el lado de Estados Unidos, que fue el país más precoz en iniciar la fase de recuperación, allá por 2009, mientras en Europa llegó en torno a 2014”.

“Esta desaceleración que comienza –continuó- es desigual por áreas, y puede precipitarse y ser más o menos aguda en función de circunstancias políticas y de hechos diversos, algunos imaginables y otros impredecibles porque deriven de la concurrencia de factores que escapan a cualquier analista, ya sean acontecimientos políticos, incidentes militares, etc., que no se pueden prever”.

Afirmó que parece un hecho claro que en EEUU están coincidiendo muchas circunstancias para que ese agotamiento empiece a sentirse, “no sólo porque su periodo expansivo alcanza ya los nueve años, sino porque se encuentra en una dinámica de pleno empleo, con un paro del 3,9% y las tensiones inflacionistas muy presentes, con la consecuente presión sobre los tipos de interés”.

Expuso la anómala situación que se está produciendo en el país norteamericano, con los tipos a corto plazo creciendo mucho y acercándose a los de largo plazo, lo que suele ser el preludio de una recesión. “Ante esta situación, la Reserva Federal se encuentra en un dilema. Por una parte, se plantea no aumentar los tipos de interés por el impacto que tendría en la economía de EEUU y de los países emergentes –endeudados en dólares-, y en el resto del mundo; pero por otra parte, la presión inflacionista está aumentando, al tiempo que existen otros mecanismos que inducen asimismo a que la inflación aumente aún más, como la necesidad de financiación de un déficit público creciente que va a provocar una presión al alza de los tipos”. Auguró que será pues inevitable que la Reserva suba los tipos de manera quizás precipitada.

En el caso de China apuntó a una desaceleración aún muy leve, pese a la existencia de problemas que pueden acentuarla.

“De este modo–resumió- la dinámica sigue siendo de crecimiento, aunque algo menor, a nivel mundial, tanto para este año como para el próximo, aunque no hay que perder de vista numerosas variables como la situación que atraviesan Turquía, Sudáfrica o Venezuela, o qué puede suceder si Estados Unidos incurre en un nuevo arrebato proteccionista y la posterior respuesta que puede haber por parte de China. En general, hay un marco de incertidumbres internacionales”.

Recordó, no obstante, que algunas debilidades que existían en el año 2007/2008 ahora no son tan intensas. “Por ejemplo, el marco regulatorio por parte de los gobiernos, que no es tan laxo como entonces”.

Poniendo el foco en otros aspectos, reflexionó José María O’Kean acerca la gestión que se ha realizado de la ingente cantidad de dinero puesta en circulación para salir de una crisis tan profunda como la acontecida: “En el fondo, no se está gestionando mal todo ese dinero. Por ejemplo, EEUU ha salido adelante en un año y medio, Alemania en tres, España u otros países en más, todos con políticas monetarias muy expansivas, si bien no hay que olvidar que se ha tenido que hacer incorporando en los balances activos que muchas veces serán invendibles, para generar dinero”.

“En cualquier caso –añadió-, la gestión de la crisis ha sido correcta, y ahora al cabo de diez años, cuando el crecimiento es bastante sostenido, una subida de los precios del 2% no es motivo de alarma. Una economía que esté creciendo al 1,5º o 2%, que afronte una inflación hasta el 2% se puede considerar una senda aceptable”.

Al respecto de los tipos de interés, argumentó que ahora tienen que empezar a subir por que no hay margen para más bajadas. “Se pueden hacer políticas imaginativas, pero si ahora entramos en recesión debemos tener un margen para hacer políticas de estímulo. Al 0% no se pueden hacer políticas de estímulo, Europa no podría hacerlas”. Además, la situación se complica al estar los estados tan endeudados. “De una situación tan complicada hay que salir con mucha calma, y preocupa ver los estados occidentales tan endeudados como están porque en esa situación no pueden hacer políticas fiscales más expansivas”.

Explicó que la política monetaria está muy supeditada a la inflación, e incluyó un nuevo elemento a ese debate: “Nos estamos encontrando con que el mundo de la economía de Internet presiona los precios a la baja. ¿Por qué no se están elevando los precios ante la cantidad de dinero que hay? Por el fuerte nivel de competencia del espacio digital, que va a seguir manteniéndose así y, por tanto, nos vamos a encontrar en unas sendas de crecimiento sin demasiada inflación. Estamos viendo que todos los países están creando mucho dinero y, sin embargo, la inflación no se ha disparado”.

El impacto del proteccionismo

En relación también con la situación mundial, reflexionaron los protagonistas sobre las políticas proteccionistas que se están llevando a cabo por parte de un número creciente de países. Expuso Faces cómo en un momento en que se inicia la desaceleración, con los países retrayéndose, las políticas proteccionistas representan un riesgo, “sobre todo por el impacto sobre las expectativas y los inversores. Es un factor muy a tener en cuenta, porque le añade incertidumbre al ciclo”.

Sobre las perspectivas de futuro y el agotamiento del ciclo económico, enlazando con la cuestión del proteccionismo, añadió O’Kean que la crisis puede venir más por aranceles puntuales que por temas globales. “En la medida que se anuncien aranceles puntuales sobre determinados sectores, habrá determinadas empresas, países y monedas que se vean más perjudicadas. Creo que el proteccionismo ha llegado para quedarse, es decir, estamos entrando en una senda en la que la reacción contra los movimientos migratorios es cada vez mayor; y el siguiente paso será proteger también al país en lo económico”. Prevé que los países van a ir entrando en esa dinámica y los partidos tradicionales, que están tratando de mantenerse en la idea del comercio abierto, la competencia, etc., van a ir cambiando paulatinamente. “No va a ser un proteccionismo radical, pero en la medida en que afecte a tus intereses, vas a defenderlos. Europa interiormente no va a entrar en esa dinámica, pero sí hacia fuera, y Gran Bretaña es el ejemplo. Y por países, no hay más que mirar cómo crece la derecha alemana o los últimos resultados electorales en Suecia. La tendencia va a ir poco a poco por ese camino, por la defensa de los intereses propios frente a ese mundo global que te perjudica”.

Convino también Faces en que todas las grandes recesiones han venido acompañadas de medidas proteccionistas. “No creo que se llegue a los extremos de la crisis del 29, pero sí es cierto que parece ser la tendencia, un mayor grado de nacionalismo y proteccionismo”.

La desigualdad: el fenómeno en España

El proteccionismo tiene otra derivada según José María O’Kean, que es la cuestión de la desigualdad, que a su vez “da como resultado unos partidos políticos sensibles a los intereses nacionales y no a la globalización”.

Para Ferraro, la desigualdad es un problema estructural que más que con la crisis tiene que ver con cuestiones como la globalización o el cambio tecnológico: “La crisis lo que ha provocado es la percepción popular de los problemas, con muchas personas en el paro o con limitaciones en las prestaciones sociales, lo que ha desembocado en desencanto y múltiples manifestaciones”. Recordó también las dificultades existentes para que en países como España los jóvenes encuentren empleo, dificultades que tienen gran parte de su origen en las propias regulaciones, en el marco institucional que no ha favorecido el acceso de los jóvenes al trabajo porque no ha dado flexibilidad, más allá de que el trabajo sea un bien escaso en muchos sitios”.

Hizo hincapié en que en general en Europa y particularmente en España, se vive un momento de gran insatisfacción colectiva, “que hunde sus raíces en la globalización y el cambio tecnológico, y se agrava con la crisis. La globalización determina una igualación de los precios relativos a escala mundial, y eso provoca o bien el desplazamiento de la producción a otros países con costes laborales más baratos, o la presión a la baja de los costes laborales en el propio país”. “Y el cambio tecnológico -continuó- ha propiciado que múltiples tareas típicas de clases intermedias dejen de tener sentido, de manera que esa base intermedia, que ha sido fundamental para la estabilidad de los sistemas sociales de Occidente, se desmorona o se estrecha de tal manera que abundan los ricos y pobres, mientras queda una franja en medio muy débil”.

Esos dos mecanismos, el cambio tecnológico y la globalización, son pues a su juicio los que están provocando el gran cambio que se está produciendo, agrandado por la crisis al generar un incremento del desempleo, “lo que provoca el cansancio ciudadano y que en países como España se fortalezca el nacionalismo, en la búsqueda de una salida. En ese marco de frustración colectiva y falta de expectativas, el reto es redefinir el papel del Estado y singularmente del estado del bienestar, que a futuro no se podrá sostener con el actual gasto sanitario y de pensiones”. La solución pasa en su opinión por ser más competitivos a nivel mundial, lo que implica “invertir en una educación de excelencia, que necesitaría de un cambio del marco institucional que no puede adoptar un solo partido político, y que además requiere de grandes acuerdos entre los partidos, algo hoy por hoy inimaginable”.

Aseguró Fernando Faces que el problema de la desigualdad, no sólo desde el punto de vista ético sino también económico, nunca se había visto tan generalizado. “En el tema de la desigualdad –añadió- siempre nos hemos fijado más en la renta que en la riqueza, y dentro de la riqueza, muy especialmente en la inmobiliaria; el patrimonio de una familia humilde es su casa, y la propensión en España a la propiedad ha hecho que la crisis haya agudizado las desigualdades, ante la caída de los precios de las viviendas. Hoy en día todavía estamos en muchos sitios un 35% por debajo de los precios de antes de la crisis. Ese efecto es muy potente en la redistribución y la recuperación, porque afecta al consumo”.

Señaló O’Kean que es necesario aclarar que indicadores como el de pobreza son indicadores relativos. “Se supone que alguien es más pobre si tiene una renta por debajo de la media de su país, pero no se puede decir que España sea más pobre que por ejemplo Rumanía, porque los que se consideran pobres en España están por encima de la media del ciudadano medio en Rumanía, aunque al estar en porcentaje por debajo de la media, se considere pobre”. Por otro lado, argumentó que no se estaban considerando las rentas no monetarias, “el hecho de que cualquier español pueda escolarizar a su hijo en un colegio público o que reciba asistencia sanitaria sin que le cueste dinero, representa unos ingresos que si los consideras en países donde los ciudadanos no tienen esas posibilidades, arroja unos niveles de renta distintos”.

Añadió otra cuestión importante: “Los cambios tecnológicos propician que quien esté en la ola del cambio genere valor e ingresos y los que están fuera no. En España hay una gran brecha tecnológica y, dentro de las empresas, las hay que no dan el salto a la transformación digital y se quedan con unos costes muy ajustados, y otras que sí lo han dado y están logrando un salto de renta más alto”.

E incorporó la cuestión del sistema fiscal español, que grava con enorme diferencia las rentas del capital y del trabajo, en perjuicio de las del trabajo. “Seguramente se empiece a producir un cambio hacia la sustitución del trabajo por el capital, al tener el capital menor carga impositiva, por lo que habrá que ir virando hacia ahí, haciendo que el capital pague parte de los impuestos en lugar de los trabajadores. En suma, o tenemos una visión del mercado laboral pensando más en el futuro que en volver a la legislación que teníamos antes de la crisis, o el país no va a poder reaccionar ante los nuevos retos”.

Europa

Centrando el debate en Europa, aseveró Fernando Faces que la gran duda existente es “la propia subsistencia de Europa tal como se la ha concebido hasta ahora, ante el avance de los nacionalismos, los populismos, el desencanto ciudadano, los cambios ideológicos y de esquemas de valores. Europa se construyó a partir de dos ideas: evitar la guerra y crear un mundo de prosperidad, bienestar e igualdad. La guerra no se ve como un riesgo inminente, y ante las desigualdades estamos asistiendo a una desmembración desde un punto de vista ideológico, con los nacionalismos apoyados políticamente en los populismos”.

“Ese ha sido quizás también el subproducto no sólo de la crisis, las tecnologías o la globalización -matizó-, sino una medicina aplicada a una salida de la crisis que no ha sido exitosa. Mientras EEUU en 2010 ya estaba fuera de la crisis, Europa prácticamente ha protagonizado dos crisis. Algo ha fallado. La recuperación ha llegado tarde y mal, y en países como España prácticamente ni siquiera hemos llegado a salir”.

Entiende, por tanto, que la redefinición de Europa es el gran tema que está sobre la mesa, no tanto por el riesgo económico como por el de involución, y porque cada vez pierde más posiciones en el papel que juega a nivel mundial. “El principal fracaso de Europa tiene su origen en que esta crisis la ha sorprendido sin la nave construida, con fallos institucionales de coordinación, una política monetaria que opera en total soledad y con ausencia de presupuesto comunitario suficiente. Esa es la labor de los socialdemócratas europeos ahora, terminar el edificio, para lo cual habrá que crear una unión bancaria de verdad, completar el mecanismo de resolución y el fondo de garantía de depósitos, dando lugar a un presupuesto más potente y a una financiación europea, reconvirtiendo al mismo tiempo los mecanismos existentes en un fondo de estabilidad”.

Lo anterior sin olvidar la cuestión de la migración y su financiación, condicionante en gran medida del desarrollo europeo y del fortalecimiento de los populismos.

Para Europa vaticinó Francisco Ferraro un comportamiento desigual, en cualquier caso, protagonizando una desaceleración cada vez más intensa, tras una recuperación de menor intensidad. “Mientras Estados Unidos en el último trimestre ha crecido un 1%, el crecimiento en Europa ha sido del 0,3%; es decir, estamos creciendo mucho menos y podemos hablar de una desaceleración anticipada”.

En Europa existen restricciones al crecimiento como la propia demanda interna, e incertidumbres singulares interiores, “como la dificultad de adoptar políticas comunitarias porque países como Hungría, Polonia o Austria no se avienen a participar del proyecto común; o el hecho de que cada vez haya más presiones en muchos países a favor de posicionamientos más euroescépticos y de bases políticas más radicales, tendentes hacia un populismo de derecha”.

En opinión O’Kean la gran incógnita es la Europa post Merkel. “La líder alemana está conteniendo la presión nacionalista alemana, y seguro que tras su marcha Europa la echará mucho de menos. Es una política de un altísimo nivel que ha sabido manejar la situación con los países que han ido entrando en dificultades como Grecia o España. En España ha jugado un papel fundamental junto con Mario Draghi, el presidente del BCE, permitiéndonos unas concesiones que nos han salvado, al posibilitar que hiciéramos los cambios de forma tranquila y suave”. Lamentó que, en este escenario, España no haya sido capaz de acometer más cambios estructurales, porque “nadie ha querido asumir el coste político que esos cambios representaban”.

Puso también Fernando Faces sobre la mesa la situación de la banca, con el Banco Central insistiendo en que hay que continuar saneando los balances y tendiendo hacia una concentración. “Existen muchas posibilidades de que veamos el año que viene fusiones a nivel europeo, transfronterizas o dentro de un mismo país, por la gran debilidad que aún tiene la banca europea, para dar más fortaleza. Tenemos una banca que, aunque ha mejorado respecto a la situación al inicio de la crisis en solvencia, sigue estando débil con vistas a una posible recesión”. A lo anterior se añade el problema de la rentabilidad, ante el prolongado periodo de bajos tipos de interés, y que la deuda global normalmente se canaliza a través de los mercados financieros, y no ha descendido. “En los países desarrollados, la deuda privada ha disminuido ligeramente, pero la pública ha aumentado, mientras en los emergentes han aumentado las dos, lo que representa otro punto de debilidad. Unos mercados financieros con gran volatilidad y una crisis de divisas puede ser el detonante de otra crisis”.

España

La economía española, por su parte, continúa creciendo por encima de la media europea, si bien se está viendo asimismo afectada por la desaceleración generalizada. “La desaceleración se está observando trimestre a trimestre, pero hay una inercia, una dinámica, que muy probablemente permitirá que sigamos creciendo, en el entorno del 2,6 o 2,7% al término de este año; es difícil que el ciclo se venga abajo de la noche a la mañana, aunque la desaceleración se vaya acentuando. Para 2019 probablemente seguiremos creciendo por encima del 2%”, expuso Francisco Ferraro.

Afirmó que en España existe una dinámica de gasto o consumo privado que así lo propicia. “En el muy corto plazo, la rebaja del IRPF y la creación de empleo público, además del aumento de las pensiones en relación al IPC, ha dado alientos adicionales al consumo. Además, el gasto público se está incrementando en los últimos meses gracias al acuerdo del aumento de plantillas y retribuciones en el ámbito público, y es posible que haya un aumento de la inversión pública”.

Prevé que la inversión privada continuará apostando por el inmobiliario, que crecerá por encima de la economía, en torno al 4 o 5%, mientras en la inversión productiva percibe “indicios y razones para entender que empiece a desacelerarse, razones que tienen que ver con las incertidumbres que se están produciendo, e indicios que se sustentan en los indicadores de confianza empresarial”.

Apuntó como problemas fundamentales los que se derivan de las incertidumbres exteriores, además de las propias, “que devienen de un gobierno en minoría, con dificultades para aprobar un techo de gasto o unos presupuestos, que apenas puede tomar más que medidas y decisiones anecdóticas, sin poder acometer transformaciones trascendentes, y aparcando los temas que representan mayores conflictos como la financiación autonómica o las pensiones”.

Lo preocupante, pues, “es lo que no se hace, no hay iniciativas de envergadura y algunas de las que se están acometiendo pueden incrementar el gasto público, poner a España en dificultades respecto a los compromisos contraídos con Europa e incluso generar algunas tensiones”.

Mostró su acuerdo Fernando Faces en que el gran problema de España es el político, social e institucional, y cómo lo percibe Europa. “A Europa lo que le preocupa no es quién lidera el país, sino que siga creciendo razonablemente y controlando el déficit y la deuda, y el guiño tranquilizador que España ha hecho a Bruselas, para que tenga claro que quiere cumplir con sus obligaciones, ha sido elegir a Nadia Calviño, hasta el 6 de junio directora general de Presupuestos de la Unión Europea, al frente del Ministerio de Economía”. Aun cuando se supere en unas décimas el objetivo del déficit, especialmente tras las concesiones del Gobierno Central -subida de las pensiones y de los sueldos de los funcionarios principalmente-, entiende que se mantendrá dentro de unos márgenes razonables, por lo que no presagia “pérdida de credibilidad por parte de los mercados financieros, algo fundamental ante la elevada deuda externa existente. No vamos a tener un problema de crecimiento, porque aunque algo menos, vamos a seguir creciendo, y además por encima de la media europea; el riesgo estaría en frustrar la credibilidad de los mercados”.

Mostró asimismo su preocupación por la falta de reformas estructurales, que están “totalmente paralizadas, independientemente de quien gobierne, pues son estas reformas las que van a marcar la productividad y la competitividad en el medio y largo plazo”.

Asunto mayor también en España es el de la situación de la banca, porque cualquier nueva crisis que venga será nuevamente de carácter financiero: “Si comparamos la situación de la banca española con la europea, la española está un poco mejor en recursos propios, solvencia y en eficiencia. Ha habido un saneamiento de balances, aunque no suficiente. Pero estamos mejor que antes de la crisis, porque si bien la fotografía era muy atractiva, la realidad por dentro no lo era, y además no había transparencia”.

El punto en el que España está peor frente a Europa es en la morosidad, aunque ha descendido mucho (llegó a estar en el 15%), se sitúa en el 5,9%, tres veces la existente antes de la crisis.

En relación con la economía española, José María O’Kean mostró su preocupación porque los indicadores avanzados vayan más rápido de lo normal en la desaceleración, dado que eso significa que “las expectativas de consumidores y empresarios están bajando mucho. En las exportaciones, principalmente en turismo, los datos no van a ser tan buenos como hasta ahora. Si tenemos el consumo, la inversión y las exportaciones con unas tasas descendentes, crecer al 0,9% trimestral va a ser complicado, y si anualmente no crecemos por encima del 2%, no se crea empleo. Vamos a ver de todos modos qué ocurre en los próximos dos trimestres, porque aún tenemos pocos datos para hacer previsiones”.

Resaltó la importancia de la aprobación de los presupuestos de 2019 y la reacción del Gobierno central de no aprobarse. “Vamos a entrar en un escenario muy complejo en lo político. No hay nada claro respecto a lo que va a hacer el actual gobierno, y esa incertidumbre genera una enorme volatilidad y un parón en las expectativas, que ya estamos viendo en los indicadores”.

Argumentó Francisco Ferraro que, pese a la lógica preocupación por las posibilidades de deterioro de la economía, es poco probable que la inercia actual impida que el crecimiento se sitúe en torno al 2,5% durante el año, salvo que ocurriera algo extraordinario: “Seguimos creciendo porque, aunque haya sensibilidad por parte de algunos agentes económicos como el mundo financiero, que es el más sensible a la coyuntura, los que mueven y mantienen el país son otros, son los que están produciendo vino, construyendo edificios o manejando el turismo, y estos no cambian radicalmente en función de la coyuntura”. Y en relación con la creación o no de empleo por debajo del 2% de crecimiento afirmó que en 2014, con un crecimiento del 1%, se creaba empleo porque “los puestos de trabajo son baratos, fáciles de crear y entrañan poco riesgo, y además se está generando empleo en los sectores turístico y de la construcción, que no son caros”.

Por otra parte, subrayó O’Kean que, en este complejo escenario, el gran problema de España es que desde la crisis no existe una estrategia de país. “No hay estrategia y nadie la aclara, ni en el mercado laboral, la energía, el mundo de las tecnologías o la formación, en ninguno de los aspectos clave. Es verdad que seguimos de la mano de Europa, pero Europa tampoco tiene una estrategia, al igual que nosotros como país”.

Argumentó asimismo que, al margen de la revolución tecnológica actual, se está produciendo un cambio en los recursos económicos utilizados, que llevan detrás unos lobbies de presión que en la economía están regulados. “El petróleo tiene que desaparecer y hay que decirlo con claridad. En 20 años los coches seguramente serán todos eléctricos, y la electricidad habrá de ser producida por sol y viento principalmente. Muy pronto, cualquier limitación para alcanzar estos objetivos se habrá resuelto tecnológicamente, pero esos lobbies seguirán apretando porque quieren mantener su estatus, quieren mantener unos estándares de producción que se quedarán obsoletos en el mundo que viene”. Considera que asumir ese mundo que viene no es fácil para los estados, pero el primero que lo haga tendrá éxito. “España podría ser ese país, porque tiene sol, viento y las posibilidades necesarias, dado que no tiene unas infraestructuras muy sometidas a las viejas estructuras. Falta la determinación para hacerlo”.

Afirmó a modo de resumen que hay dos mensajes concluyentes: “No vamos a entrar en una crisis tan profunda como la anterior, y los tiempos mejores han pasado, cuando la gente no percibe aún que hayamos salido de la crisis”.

Inmobiliario y construcción

“En el sector de la construcción hay mucho por hacer, con los cambios tecnológicos llamados a jugar un papel fundamental en la forma de construir. Ya se están haciendo promociones que se adaptan a las circunstancias de las personas a lo largo de su vida, viviendas que se pueden modular de una forma realmente brillante”, reflexionaba José María O’Kean sobre el futuro de los sectores inmobiliario y de la construcción.

Destacó que uno de los grandes problemas que hoy afronta el inmobiliario es el elevado precio de la construcción, “especialmente por la escasez de mano de obra –quien estaba en la actividad constructora y se ha marchado con la crisis no se arriesga a volver-, y porque la tecnología ha cambiado tanto que se requiere mucha especialización por parte de los trabajadores”.

“La construcción del futuro –continuó- tiene que tener en cuenta al neo-consumidor, que es un consumidor distinto, a pesar de lo cual aún son pocos los que construyen distinto. El modelo de comprador inmobiliario del pasado ha cambiado, no es el de ahora, y el que siga pensando que el nuevo consumidor es el mismo de antes, se estará equivocando. Es necesario ser flexible para cumplir sus expectativas; antes compraba porque sabía que iba a vender más caro; ahora compra por otras razones que tengo que averiguar y adaptarme”.

Andalucía

Para explicar la situación en Andalucía, Francisco Ferraro aludió al último informe publicado por el Observatorio Económico de Andalucía -organismo que preside-, correspondiente al segundo trimestre de 2018, donde se estima que la desaceleración se ha producido con cierta intensidad, con un crecimiento algo inferior al de España, tanto trimestralmente como en la estimación interanual. “Estas circunstancias nos llevan a bajar la previsión de crecimiento para este año, que pensábamos que iba a ser del 2,7%, y ahora situamos en un máximo del 2,5% para 2018, e incluso del 2,4 en el peor de los casos, inferior además a España. Un año más, estamos un par de décimas por debajo de la media nacional, con la consiguiente pérdida de convergencia; seguimos divergiendo año tras año, trimestre tras trimestre, desde 2006, tanto en fases recesivas como de crecimiento”.

Explicó cómo el comportamiento de la economía que se observa en Andalucía es el mismo de España, pero siempre algo peor: “Si se reducen el consumo privado o las exportaciones en España, en Andalucía lo hacen más intensamente, y así en cualquier otro aspecto. El único en el que la comunidad andaluza sale mejor parada es en el turismo, donde se ha observado un mayor freno en España, según los datos del mes de julio”.

Añadió José María O’Kean una serie de observaciones relativas en concreto al sector inmobiliario andaluz. “Es un sector muy desigual, con grandes diferencias si se confrontan las ciudades turísticas y las de costa con el resto de ciudades de interior; su dinámica es muy distinta. La salida de la crisis ha planteado una economía mucho más dual de lo que era antes de la misma, donde esas ciudades destacadas han entrado en la dinámica del crecimiento, mientras las interiores no turísticas se han quedado ancladas”. De entre todas remarcó especialmente el caso de Málaga, “porque tiene un proyecto de ciudad, y en la medida en que tienes un proyecto y aúnas voluntades, aúnas inversiones; los empresarios canalizan sus inversiones y proyectos y la ciudad se pone en cabeza”.

Expuso cómo las posibilidades que hoy en día ofrecen las redes sociales, el espacio digital, son fundamentales para sumarse al tren del crecimiento. “En el espacio digital se mueven ideas, sensaciones, y aquellas ciudades que tengan un proyecto común e ilusionante y lo canalicen a través del espacio digital, irán por delante. Es preferible avanzar en consonancia con el mundo actual, incluso con el riesgo de cometer errores”.

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