Cuando las oportunidades sólo dependen de nosotros

Si como dijo John F. Kennedy durante su discurso en Indianápolis, allá por el año 1959, en el idioma chino las palabras crisis y oportunidad son sinónimas, no cabe duda de que en el caso del mercado inmobiliario español se está haciendo todo lo posible para que esta máxima no se cumpla. Y así nos encontramos con que las decisiones que políticos de todos los niveles llevan meses tomando tienen como único resultado la demonización del “ladrillo”, al que culpan de todos los males de este país.

Ricardo Arranz

Desde hace un tiempo, nos encontramos con una serie de despropósitos que van desde detalles –en esos en los que se esconde el diablo- como el del “banco malo” para referirse a una sociedad de gestión de activos con la que infundir confianza en los inversores, hasta la aprobación en el peor momento posible de un decreto-ley del Gobierno andaluz que supondrá la paralización, durante dos años, de todos los proyectos situados a menos de 500 metros de la franja litoral de los 52 municipios (¡el 90%!) que aún no se han adaptado al Plan de Ordenación del Territorio Andaluz (POTA).

¿Y alguien se ha preguntado el porqué del estrepitoso fracaso del POTA? O lo que es más importante, ¿alguien ha reflexionado sobre las graves consecuencias que tendrá sobre el turismo y el empleo la inseguridad jurídica que origina este decreto-ley contraviniendo, por otra parte, la Ley de Costas? No olvidemos que con esta ley, el Gobierno de la Nación pretendía, en parte, responder a las quejas presentadas en el Parlamento Europeo por más de 20.000 extranjeros que se compraron casas en la playa sin saber que, con el tiempo, éstas se convertirían en ilegales.

Es innegable que en España se ha construido mucho y mal porque también se vendía lo malo, pero no en todos los sitios ha sido así. Me gustaría aprovechar esta tribuna para lanzar un mensaje a las empresas del sector y a posibles compradores de que, sin ir más lejos, el mercado malagueño es fuerte y seguro. De hecho, en estos momentos, la reserva existente de viviendas no es preocupante, ya que los escándalos que han sacudido la zona provocaron un parón en Marbella y en los municipios de su entorno, que ha evitado la construcción desaforada.

El problema radica, como revelan los palos de ciego y la elevada producción de leyes y normas contradictorias, en políticos incapaces de encontrar fórmulas que generen riqueza respetando al máximo el medio ambiente que, sin duda, es nuestro gran legado y patrimonio. Países como Canadá, u otros más cercanos como Suiza o Italia son claros ejemplos de que todos los sistemas de protección están acompañados por planes de ordenación, uso y gestión. ¿Por qué no copiarlo?

En nuestro caso, la recuperación de la senda del crecimiento pasa por los motores de los sectores turístico y residencial, con especial atención a la calidad tanto en la construcción como en el respeto al medio ambiente. Pero, sobre todo, necesitamos ofrecer facilidades a la inversión y a la generación de empleo, aprovechando el interés que están mostrando jóvenes rusos, chinos y nórdicos con capital.

Se trata de buscar nuevos productos inmobiliarios que sean compatibles con los hoteleros y alivien el peso del sector en ciertos estamentos. Estos productos innovadores, como el sistema de residences, se comercializan como un producto de inversión residencial, a través de grandes marcas como pueden ser Four Season o Mandarin Oriental. Entre las ventajas del sistema, destaca la de ser un producto mitad disfrute y mitad inversión, pero sobre todo que permite evitar los gastos durante las épocas en las que no se hace uso de él.

La ciudad de Miami, no hace mucho el Benidorm de la costa oeste de EEUU, es un ejemplo de caso de éxito en el uso de esta modalidad gracias a la cual consiguió salir de la crisis atrayendo a todas las grandes marcas hoteleras. ¿Por qué no copiarlo?

Otra posibilidad de desarrollo, por ejemplo, es el turismo residencial de alta gama sin el que no sería posible la existencia de lugares tan próximos como Puerto Banús, alrededor de cuya urbanización se concentra el mayor número de tiendas de lujo, responsables en gran parte de la creación de inversión y empleo de la zona.

No obstante, todo lo anterior no dará sus frutos si seguimos olvidando el servicio al cliente. No podemos retrasar más el momento de crear buenas escuelas turísticas, que garanticen el futuro del sector y nos permitan dejar de ser un país turístico de tercera división con el único mérito, que además no nos lo hemos ganado, de ofrecer a nuestros visitantes un clima y unas playas envidiables. Tenemos que dignificar los oficios del turismo porque es ahí donde se marca la diferencia y donde nos jugamos nuestra supervivencia en un mercado globalizado.

No me gustaría acabar sin otorgar un voto de confianza a la idea del Gobierno de conceder el permiso de residencia a los extracomunitarios que, con posibilidades de inversión, compren una vivienda en España. Pero añadiré que me parece muy generoso haber fijado el precio tope en 160.000 euros, valor de muchos activos inmobiliarios en otras partes de la costa española a los que se podía haber buscado otra salida. A largo plazo, sin embargo, se ha vuelto a desaprovechar una gran ocasión para poner en valor la marca España.

En cualquier caso, y más allá de lo que pueda asegurar la visión oriental que ve una oportunidad en cada crisis, en mi opinión debemos tomar conciencia de que la generación de oportunidades sólo depende de nosotros mismos. Y la crisis pasará, pero las ocasiones que no hayamos sido capaces de crear difícilmente volverán. Ai

 

Por Ricardo Arranz

Presidente de la Federación Andaluza de Urbanizadores y Turismo Residencial

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